Mensaje de los Reyes Magos
Praga 2011
Queridos amigos, habitantes de esta hermosa ciudad y de este maravilloso país vuestro, queridos todos vosotros, peregrinos de otras tierras, a quienes también tributamos nuestro afecto.
Cuando, después del encuentro con el rey Herodes, hemos visto de nuevo la estrella que poco antes había desaparecido de nuestra vista, hemos experimentado una alegría indescriptible. No hay palabras humanas capaces de describir su luz. Su resplandor no era sólo la luz que veíamos con nuestros propios ojos. Era una luz que traspasaba el umbral de nuestros corazones y durante todo el camino iluminaba nuestra esperanza. Es estrella real del universo pero, al mismo tiempo, algo más; es una estrella viva. Nos miraba y nos parecía que eran los ojos del Padre celestial los que nos miraban, del Padre de todos, nuestro y vuestro. Por el camino, en algunos momentos, se escondía, pero dentro resplandecía constantemente. Hemos recorrido el camino bajo ella, y nos ha traído hasta este Niňo, sobre el cual está profetizado que salvará al mundo. Nosotros hemos creído en él y, como don, hemos recibido una nueva vida con aroma de cielo.
¿Qué es nuestro oro en comparación con su don?, ¿qué, nuestro incienso?, ¿qué, nuestra mirra? El oro es para las necesidades más imprescindibles de su vida terrena, porque es pobre. El incienso es testimonio de que es Hijo de Dios, la mirra la hemos depositado a los pies de la Madre, para que la conserve para las heridas que ha de recibir de la ingratitud del ser humano. Pero su don es mucho mayor y nunca declina.
¡Oh, Niňo amable más que ninguno, cuán inabarcable es tu bondad!
En nombre de este Niňo, hoy 5 de enero del aňo 2011, os impartimos nuestra regia bendición.
Vuestros amigos, rey Melchor, rey Gaspar y rey Baltasar.